MERCEDES, BUENOS AIRES
Mercedes (Buenos Aires). — La ciudad volvió a ser escenario de una de sus celebraciones más convocantes: la Fiesta Nacional de la Torta Frita, un encuentro que año tras año reúne a familias, productores y visitantes en el Parque de la Independencia con una propuesta que combina gastronomía, tradición y vida comunitaria.
Desde temprano, el predio comenzó a poblarse de vecinos y turistas que llegaron con reposeras, mantas y mate en mano, dispuestos a pasar la jornada al aire libre. A medida que avanzaba el día, los distintos sectores —comercial, artesanal y gastronómico— fueron tomando forma, en una distribución que invitaba a recorrer la feria sin un orden rígido, dejando que cada visitante encontrara su propio ritmo.
Uno de los ejes centrales de la fiesta fue la competencia entre puestos de torta frita, donde más de una veintena de participantes buscaron destacarse en sabor, textura y técnica. En paralelo, se desarrollaron actividades recreativas para todas las edades, con una plaza de juegos gratuita para los más chicos y un sector de entretenimiento que complementó la experiencia.
El momento más esperado llegó cerca del mediodía con la elaboración de la tradicional torta frita gigante. El proceso, que demandó varias horas de trabajo coordinado, incluyó el uso de una sartén de gran tamaño, amasadoras industriales y un sistema de elevación para trasladar la masa hasta el punto de cocción. Una vez finalizada, la pieza fue compartida con el público presente, en un gesto que sintetiza el espíritu del evento.
Durante la tarde y la noche, el escenario principal y los espacios destinados a peñas ofrecieron espectáculos musicales que extendieron la jornada hasta las 22 horas, consolidando el carácter festivo de la propuesta.
En la segunda jornada, el movimiento continuó con nuevas actividades, entrevistas a participantes y artistas locales, y un mayor nivel de interacción entre los asistentes y los distintos actores de la feria. La cobertura incluyó además instancias de intercambio con áreas institucionales y medios digitales presentes en el lugar.
El cierre estuvo marcado por la premiación a la mejor torta frita de la edición, reconociendo el trabajo sostenido de los participantes, y por diversas iniciativas que buscaron reforzar el vínculo entre los puestos y el público.
Más allá de su propuesta gastronómica, la Fiesta Nacional de la Torta Frita volvió a confirmar su lugar como un espacio de encuentro, donde lo simple —una masa frita compartida— se convierte en el punto de partida para construir identidad, comunidad y pertenencia.
MARCELA BROWN
Una artista plástica, ganadora del primer premio en "Máscaras Sueltas"
Corsos Mercedinos, edición 2023